BODEGAS DE JIMENEZ Y LAMOTHE
Con una enorme tradición y un específico peso en la industria vinícola, las Bodegas de Jiménez y Lamothe en las que a finales del pasado siglo y primeros anos del presente trabajó de químico Bernabé Fernández Sánchez, creador del Ceregumil constituían el ejemplar más acabado y asolerado del mundo bodeguero. Una amplia gama de productos, una adecuada organización y un reconocido prestigio dentro y fuera de Málaga, y con mercados abiertos en diversos países, las Bodegas de Jiménez y Lamothe fueron la base de las Bodegas Larios, pues las primeras botas con las que Larios se lanza a la aventura del vino proceden precisamente de aquellas. Al marqués de Larios se une el del Genal, de forma que ambos marquesados van unidos a la formación de las bodegas. Estamos en la iniciación de la década de los anos veinte del presente siglo y el timón de la Casa Larios está ya en manos de José Aurelio, tercer marqués, que regenta los negocios bajo la denominación de Larios y Cía. Es el momento en que Jiménez y Lamothe pasan a ser propiedad de «la Casa», tanto en lo que se refiere a las bodegas locales como a la destilería que tenían en Manzanares. Convendrá decir, para significar debidamente la importancia de Jiménez y Lamothe, que sus bodegas malagueñas eran un ejemplo industrial, que la destilería de Manzanares fue la primera en su género en toda España y que, desde mediado el siglo XIX, fueron pioneros en la elaboración de los brandies, que entonces todavía se llamaban cognacs y de los que ha llegado hasta nuestros días el universalmente famoso «l866».

TRADICIÓN Y PRESTIGIO
La primitiva bodega de la Casa Larios estuvo en la calle La Constancia y ocupaba una enorme extensión, ya desfigurada completamente, tanto porque posteriormente fue convertida en fábrica de aceites y jabones, como por el hecho de que se produjeron varias parcelaciones colindantes sobre las que se edificaron bloques y se establecieron industrias pequeñas diferentes. De todas maneras, el rastro urbano histórico aún permanece.

En el año 1933 desaparece Larios y Cía., dando paso a la nueva razón Larios, S.A., que precisamente por aquellas mismas fechas incorporó a sus elaborados el gin, tan famoso en el mundo entero como el propio brandy 1866. Hay, a partir de la década de los treinta nuevos traslados bodegueros y es en los viejos terrenos de La Aurora, fronterizos entre el Perchel y la nueva zona del polígono de la Alameda, donde se establece definitivamente la bodega, que alcanza un desarrollo espléndido, un prestigio realmente envidiable y un nombre tan universal que dice algo en cualquier parte y a cualquier ciudadano del mundo.
Primera bodega de Larios en calle de La Constancia,
durante los años veinte en Málaga. En la portada
podía leerse: Larios y Cía., Málaga y Manzanares.
Vinos- Alcoholes.

Lógicamente, y tal como históricamente está reconocido, el paso de Jiménez y Lamothe a la Casa Larios fue completo, puesto que Larios y Cía., con el marqués del Genal, no sólo adquieren las botas de añejar, sino la organización toda, las líneas de embotellado, oficinas, aparatos para fabricar alcohol, viñedos, etc., por lo que la invasión en el mercado es cosa muy rápida y sin otros problemas ni añadidos.
Fueron los vinos lo que, en cualquier caso, lograron dar popularidad exterior a Larios, pero la contribución de la Casa al despertar industrial de Málaga se inicia siglo y cuarto antes y en campos y actividades bien diferentes y abarcantes: Industria Malagueña, Ferrocarril Málaga-Córdoba, Sociedad de Vapores, Compañía de Seguros, Barico de Málaga, ingenios azucareros, explotaciones mineras y entidades agrícolas. Larios es en Málaga presencia activa durante dos siglos.